¿Acaso tan joven y he merecido tanto dolor?, ¿Acaso es el dolor amigo eterno de mi mente auto conflictiva?
Tan joven y probé el dulce sabor del amor falso, aquel que es de mentira, que solo causa penas y llanto al final de su corto recorrido. ¿Te merecías, acaso, todas esas lágrimas?
¿Reíste con ella, acaso, cuando me dijiste la verdad que tenias revoloteando entre esos finos dedos? ¿Te burlas, acaso, del amante que amó lo que eres, lo que te rodea y lo que haces con tus manos?
Lástima me dí al darme tan poco valor con alguien que no lo vale.
Es que acaso, entre toda su grandeza, el universo me puso tu delineada cara para conocer los sabores amargos, sentir el frío, y la aspereza de manos malagradecidas.
No creas que esto es una dedicatoria de venganza, o una canción redactada por las lágrimas; porque éstas, ya para ti, no existen.
El verdadero amante sabe perder, y cuando pierde gana.
Gracias por enseñarme, tan joven, a ser fuerte. Fue lo único que aprendí de ti, porque yo sola aprendí a amar.
Yo sola estoy aprendiendo a creer en la autoenseñanza, en la auto-aceptación, y al contra-rechazo de tus pasadas palabras punzantes y falsas.
Estaré en la puerta de mi casa, sonriendo por tu sonrisa desdichada, riéndome de tu risa infeliz y saboreando aquella ciruela amarga que tu mismo dedicaste a cosechar.
Estaré allí, donde tu sabes, sentada para ver tu cadáver pasar.
Verso suicida gracias a Luisa Gomez.
El verdadero amante sabe perder, y cuando pierde gana.















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