
Alguna vez me dijiste que te disculpara
por no sentir lo que ahora he dejado de sentir.
Me perdiste y yo también.
He dicho que me he perdido.
Extravié las horas que me lastimaron y que yo también.
Ahora puedo sentir lo que sintieron las otras.
Completamente hueca.
Cómo me gustaría que tú también lo pudieras sentir.
Sin en el aire una elección,
pensar que clavarte la daga sería la solución.
No importa que sangres tanto,
mientras recuerdes a la persona que te ha lastimado,
todo lo justificará.
He dicho que yo también,
es demasiado lejos para llegar a la cima.
Yo también me perdí y no lograré haberte perndonado.
Y yo también sangré por dentro,
una fuga de todo lo que vivímos,
si es que puede llamarse así.
Me perdí más que tú a mí.
Perdimos el corazón que fue nuestro.
La mejor elección fue clavarlo contra la flecha.
Y yo también me lastimé aún más que tú.
He dicho que tú me lastimaste.
No más que yo.
He dejado de sentirte al igual que el alma que arrancaste.
Veo lo que sienten y es doloroso,
pero no tanto como tenerte.
Y yo también me herí tanto,
pero no tanto como envenenarme.
Me usaste y yo igual y lo sé.
He dicho que es doloroso.
Y yo también me clavé la daga a mi corazón.
Lo sé y no tuve elección,
sabía que no siempre sería la última solución.
Me mataste estando viva… y yo igual.
Chrystelle.























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