
El piso que caminé por un largo tiempo, en el que confesé lo que nunca hice y que algún día cometería tomando tu mano casi rozando. Los pecados que no cometí y no llegaron a pasar. Pero estuve con tu alma. Me llevaste y me encerraste por siempre, sigo sin querer comprender. Las cosas nunca serán buenas aquí.
Me ataron a la cama, yo dormí y no pregunté. Sedada para no intentar hablar por salir. Tú dijiste que te hería que enloqueciera por amor. Yo me herí no a ti.
En el relato dijiste que yo era la reina que tenía miedo de quedarse sola. Entonces llego el esclavo que no me ayudó. Tú me llevaste a ese castillo que me apuñaló.
La reina no quiso quedarse sola y gritó a los vientos que aunque la lastimaran, quería estar con alguien. La sedaron y volvió al había una vez. La palabra fin tú la escribiste, la reina nunca existió.
Me dejaste más enferma. Marchitada por presentimientos.
¿Cuál fue la brujería que lanzaste en mí? ¿Cuál fue el tipo de circo que hiciste? En un lugar especial.
Vi el reflejo, lamento que haya mentido con alegría y felicidad. Tan confundida fui que soñé con cada letra que escuché de tu parte. Tú y yo, derecha e izquierda, polos opuestos que ni la mayor fuerza los podía separar.
Me pediste que fuera tu reina. Toda la eternidad rodeada de los lujos que merecía, ¿lo que merecía era una habitación completamente blanca? ¿Lo crees?
Un lugar especial donde me llevaste no podía ser este, me encerraron y aún no sé en qué mundo estoy.
No hay espejos. No hay vidas que arruinar. No hay amor tuyo para despertar del viaje. Y tú no me quieres sacar de esto que es peor que el infierno que pude vivir.
Estoy seca hasta el límite, ni eso puedo, interpretar el papel de tu reina. ¿A caso perdió la cabeza? O su corazón voló libre y regresó sin nada, ni a su esclavo.
Un lugar cualquiera, eso es de lo que se trató.
Escrito por Astrid.
























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